A veces volvemos del mismo viaje siendo un poquito diferentes a como nos fuimos.
Hay algo curioso que sucede cuando viajamos: podemos pasar meses planeando un viaje, hacer una lista de lugares que queremos conocer, buscar hoteles, restaurantes, museos y actividades... y aun así, cuando volvemos a casa, muchas veces sentimos que lo más importante que nos llevamos no entra en una valija.
Porque viajar no es solamente conocer lugares nuevos. También es conocernos un poquito más a nosotros mismos. Y creo que esa es una de las cosas que más me gustan del turismo!
Salir de la rutina
La mayor parte de nuestro día a día ocurre dentro de una rutina bastante conocida. Sabemos dónde está el supermercado, qué colectivo tenemos que tomar, dónde está nuestra cafetería favorita, qué camino hacer para volver a casa, etc. Cuando viajamos, todo eso cambia.
De repente estamos en una ciudad donde no conocemos las calles, tenemos que entender cómo funciona el transporte, quizá no hablamos el idioma perfectamente y hasta cosas que para los residentes del lugar son completamente normales pueden resultarnos extrañas. Y aunque al principio puede ser un poco incómodo, justamente ahí está una de las partes interesantes: nos obliga a salir del modo automático.
